¡Que no, que no quiero verlo!

Tenemos la semana completa, nace la Sofi y a la Panto la meten en cana. No podíamos pedir más.

Con lo de la Sofi llevamos tres días de no parar, oiga, venga canastillas horteras,venga ramazos de flores llevados por pringaos vestidos de botones Sacarino, venga chupar pantalla para no decir nada, que si visita de próceres de la patria, que si Don Juancar no apareció hasta el segundo día, y dale y dale y dale... y así tres días, que se dice pronto.

Un despropósito. Y eso que la niña está por conocer, que cuando salga en los brazos de su plebeya madre, apaga y vámonos!

Con todo, es un acontecimiento si se quiere feliz, casi paraliza el país, pero feliz. Una niña recién nacida siempre da ternura.

 

Pero qué me dicen de la Pantoja, aprehendida y cargada de cadenas en plena "madrugá", como diría una copla, ante los ojos llorosos de la niña Chaveli y en ausencia del primogénito, Paquirrín, que andaba de fiestuca por lupanares luminosos.

Eso es ya para desmelenarse. Todo porque la "probe Isabel", presuntamente, guardaba en su bolsito de nácar la menudencia de 50.000 dólares y 9.500 euros para los gastos de casa. Y, digo yo, en qué casa decente no hay un bolsito de nácar, o de polipiel que para el caso es lo mismo, con calderilla menúa para los gastillos diarios?

Por qué tanto aspaviento por unos eurillos de ná, malaje de juez, si la tonadillera, nuestra más ínclita representante del acervo cultural patrio, ya cantó por activa y por pasiva que ella "de los dineros del Julián no sabía ná de ná".

Por qué tanto ensañamiento con uno de nuestros estandartes más goloriosos?

La envida, solamente la envidia que corroe los espíritus malévolos motiva tanto linchamiento en todos los medios (también en los enteros, sin duda) de comunicación.

Programas tan sesudos como tenemos en nuestras cadenas se han dedicado durante todo el día a ensañarse una y otra vez con nuestra mártir.

Eso no es tolerable, hay que gritarles que eso no se hace, que no es de bien nacidos ultrajar a una pobre mujer sufriente, perdidita en lágrimas por su hijita desamparada, abrumada por el dolor que su retoño primigenio ahoga entre vírgenes vestales (¡olé!), con la mirada extraviada y los sentíos trastornaos. ¡Jesús, Jesús, qué cruz!

Que no, que no quiero verlo! Apagaré todas las pantallas de mi hogar, desconectaré todos los electrodomésticos, frigorífico incluido, para que no me lleguen los recios llantos de esta santa mujer ni las risotadas vocingleras de sus lapidarios.

¡Que no, que no quiero verlo!

Lo difícil es continuar

Cuando se empieza un texto siempre se hace muy cuesta arriba, el blanco de la pantalla es como un enemigo esperando tu ataque y, tú, indeciso, no sabes si enarbolar la lanza o salir corriendo en muy digna estampida. Habitualmente opto por esta segunda decisión y me quedo tan pancho.

Pero si he decidido abrir una ventana a no se sabe qué mundos desconocidos y trasladar paulatinamente jirones de mis pensamientos, sentimientos y demás interioridades personales a estas cuartillas cibernéticas en blanco, no es menester arrugarse antes de tiempo.

Tiempo habrá de arrepentirse... o no, quien sabe!

De momento pretendo solo tantear mis habilidades tanto para escribir con una cierta lógica, como para manejar estas herramientas nuevas para mí, y después cuando coja soltura en ambos menesteres ya veremos hasta donde doy de sí. 

Tiempo no me falta, lo tengo a raudales, ¡vamos para regalar!, de modo que en algo tengo que emplearlo, y mira por donde aparecen estos pequeños laberintos de palabras para abrir huecos.Y en esas estamos, abriendo huecos y removiendo las telarañas de más de cuatro lustros sin cojer la pluma (matafóricamente hablando) para emborronar cuartillas (más metáforas) y dejar constancia indeleble de mis tonterías más íntimas (¡jesús, qué peñazo!).

Imagino que esto es como todo, con un poco de entrenamiento hasta conseguiré hilvanar frases medianamente inteligentes con algún sentido, y no solo para mí, que eso no tendría el mayor mérito, sino para mis posibles lectores y lectoras, cuando los haya.

Veis, falta de entrenamiento, ya me he cansado de darle a las teclas, por hoy me he ganado el pan y espero que mi musa no sea demasiado severa, total para lo que me inspira!

Agur.

empezando con esmero

Hoy empiezo este mi blog con la ilusión del niño que recibe un caramelo en la puerta del colegio. Ojos abiertos, sonrisa tonta y los útiles escolares atados con un cordel arrastrando por las calles (esos no son niños de hoy, no es cierto?). Bueno, ojos abiertos, sonrisa tonta y la ciberconsola con el último algoritmo colgando del cuellito almidonado.

 

En realidad no sé para qué coño he abierto este blog, si no me hablo ni conmigo mismo. Será la curiosidad, ligera, que me producen las nuevas tecnologías, el ciberespacio ese que dicen, navegar por redes invisibles y entrar en casas y cerebros de desconocidos y desconocidas, urgar en las íntimas miserias y grandezas ¡joder, qué pomposo!

 

Pudiera ser que nadie me lea en la vida (es lo más fácil), y me quede solito como pan que no se vende, escribiendo, escribiendo y escribiendo por toda la eternidad (¡que cansancio!), aullando y aullando a la luna escondida entre los pliegues de los bits.

 

Aunque eso no serían lo increíble, sin duda lo inverosimil sería que alguien me lea y hasta sea tan osad@ de responder con diligencia, nocturnidad y alevosía. Si cualquiera de l@s que estais ahí fuera siente esa tentación le ruego que sucumba a ella y me haga saber de su existencia.

 

No pretendo con este blog hacer ninguna bandera ni bandería, no creo en los trapos como portadores de las esencias de nada ni de nadie, bueno en general no creo en casi ningún símbolo como elemento de arrastre y confrontación entre humanos medianamente inteligentes, que a veces los hay.

 

No pretendo tampoco hacer de este blog un panegírico de religiones y espiritualidades varias, si bien respeto todas las habidas por haber siempre y cuando no me quieran catequizar por la fuerza. Odio los aspavientos y las liturgias, ya sean religiosas o laicas, tanto me da, tan nefastas son las unas como las otras.

 

En fin, no sé qué coño quiero hacer abriendo este blog, pero con el tiempo y alguna participación expontánea espero que vaya tomando cuerpo y, hasta podría ser, espíritu.

 

Por hoy me despido, querid@s desconocid@s, hasta otra, que os vaya bien.

Acerca de apalabrasnecias

Lo que se me ocurra a tenor de los acontecimientos diarios, sin ira pero a veces con mala leche

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